Teatro en la Edad Media

Las artes escénicas ocuparon un papel preponderante entre las manifestaciones culturales de la Edad Media. Inicialmente, las temáticas se restringían a la liturgia y al contenido moralizante, impulsadas y apoyadas por el clero; con el correr de los siglos, surgió una serie de géneros dedicados a lo profano, incorporando tramas que gozaban de amplia popularidad en el ámbito de la literatura.

Como en el resto de las disciplinas, es posible dividir la evolución del teatro a lo largo del período en tres etapas. Durante la temprana Edad Media, los dramas litúrgicos representaban para la Iglesia un medio para transmitir el contenido bíblico a fieles en su mayoría analfabetos. Consistían en el canto y recitado de pasajes y eventos importantes de la Biblia, sin la intervención de actores. El género continuó su evolución en los dramas sacros que involucraban una verdadera dramatización, acompañada de música litúrgica.

La iglesia dejó de ser el ámbito designado para este tipo de eventos, que se realizaban contadas veces al año, y hacia la mitad del Medioevo comenzaron a tener lugar fuera del templo, en espacios abiertos a todo el público independientemente de su clase social. Esto marcó un importante crecimiento del teatro, que si bien mantenía su carácter religioso, fue profesionalizándose con la formación de los gremios y la aparición de los primeros actores de profesión en la Edad Media tardía.

El mecenazgo vinculado a las compañías teatrales, es decir, el aporte de los nobles para sostener el trabajo de los actores, dotó de mayor libertad creativa al género dramático. De esta forma, las obras abandonaron la liturgia para centrarse en temas de mayor interés para nobleza. Entre ellos, un creciente redescubrimiento de los clásicos griegos y romanos llevó a la elaboración de adaptaciones de estos trabajos, junto con la creación de nuevas obras sobre la base de las formas del antiguo teatro griego y romano.

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